Ondas de calor: riesgos, daños y efectos para la población

Durante la denominada onda de calor, que cada año afecta a México, los estados de Sonora, Baja California, Chihuahua, San Luis Potosí y Guerrero son los que más han registrado temperaturas superiores a 45 grados Celsius, incluso han llegado a rebasar los 50 grados.

Este fenómeno común en la temporada de primavera también ha ocasionado la muerte de personas, principalmente por golpe de calor, con mayor impacto en los meses de abril, mayo, junio y julio.

De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), en el año 2000, en Mexicali, Baja California, una onda de calor duró más de 90 días, cuyos efectos provoca entre la población insolación, desmayos, deshidratación y enfermedades diarreicas agudas y en la piel.

Los grupos con mayor riesgo son los menores de cinco años de edad, personas con enfermedades crónicas, trabajadores agrícolas, adultos mayores y las mascotas.

De acuerdo con la especialista Marisol Anglés Hernández, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, “las ondas de calor se refiere a un periodo de calor extremo, con frecuencia, acompañado de humedad alta. Estas condiciones pueden ser peligrosas e, incluso, representar un peligro para la salud y la vida de los humanos”.

En el documento “Los sistemas de alertamiento ante olas/ondas de calor como parte de la reducción de riesgos”, estar expuestos a temperaturas muy elevadas ocasiona insolación, desmayos, golpe de calor, deshidratación, enfermedades diarreicas agudas, enfermedades de la piel, etc.

Además, el calor extremo y la humedad alta, la evaporación disminuye, y el cuerpo debe trabajar muy arduamente para mantener la temperatura normal en el cuerpo humano.

Un factor que contribuye al fenómeno denominado “isla de calor”, es la expansión urbana, lo que ocasiona una reducción de áreas verdes.

Entre las señales de un golpe de calor son: dolor de cabeza y convulsiones, pérdida del conocimiento, confusión, náuseas, mareos, pulso rápido, sudoración excesiva, piel seca y caliente.

De acuerdo con las ondas cálidas medida en grados Celsius, el riesgo es bajo cuando el termómetro marca de 26 a 29.9 grados; medio de 30 a 33.9, alto de 34 a 39.9; y muy alto mayor a 40 grados.

El cuerpo humano tiene una temperatura corporal de 37 grados, por lo que necesita hidratarse para recuperar el agua que pierde a través de la sudoración. Por ello, durante el día las personas deben tomar líquidos en diferentes formas, pero lo mejor es tomar agua simple.

En ese sentido, un adulto requiere 4.1 litros de agua al día, según la jarra del buen beber de la Secretaría de Salud. Se deben beber de seis a ocho vasos de agua natural todos los días; no tomar más de dos vasos al día de leche semidescremada y bebidas de soya sin azúcar, empezando a partir de los dos años de edad; tomar máximo cuatro tazas de té o café sin azúcar.

Tampoco se debe consumir más de dos vasos de bebidas no calóricas con edulcorantes artificiales, como agua con vitaminas y bebidas energizantes; tomar medio vaso de jugo de frutas ciento por ciento natural, leche entera, bebidas deportivas o bebidas alcohólicas, ya que éstas tienen altas cantidades de grasas o azúcares, así como evitar el consumo de todo tipo de refrescos o gaseosas dietéticas o “light”.

La tensión térmica afecta las zonas rurales, pero también a las ciudades, donde se puede elevar la temperatura más de 5 grados Celsius por la poca presencia de áreas verdes, dando lugar al fenómeno conocido como isla de calor.

Para la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la Isla de Calor Urbana es uno de los efectos más evidentes de la alteración climática inducida por la urbanización, dado a que se origina a medida que las ciudades añaden concreto y asfalto, edificaciones, industria y población

Se caracteriza por un ambiente térmico más cálido en ciudades o zonas urbanas densamente construidas, respecto al ambiente térmico rural.

Además, genera malestar en el organismo humano porque, debido al aumento de la sensación térmica corporal, también se incrementa el uso de energía, por lo que se liberan más gases de efecto invernadero y se originan costos más altos por un mayor uso de agua y energía.

El Instituto de Ecología de la UNAM detalla, en una infografía, que el efecto isla de calor urbana produce mecanismos que influyen directamente en la contaminación de la atmósfera urbana y a su vez, contaminada su colindancia con el área rural.

La isla de calor tiene su origen en la ciudades con muchos edificios, se incrementa la llamada turbulencia mecánica. Esto causa temperaturas bajas en las horas diurnas y temperaturas altas en las nocturnas.

Las capas elevadas de humo, vapor de agua, monóxido de carbono y dióxido de azufre actúan como gases de efecto invernadero reteniendo el calor, el cual es que se genera e la fábricas o en las casas también contribuye a levantar la temperatura urbana.

Para mitigar este problema, el Instituto de Ecología destaca que la vegetación urbana en general y los árboles en particular, pueden mitigar la Isla de Calor Urbana pues al transpirar, absorben hasta 540 calorías por cada gramo de agua que transpiran. Ante ello, recomienda escoger y sembrar los árboles con más potencial transpiratorio.


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